“Las
recientes oleadas de inmigrantes que llegan a Europa obedecen a
los puestos de trabajo que ofrece la economía sumergida europea
y no a la regularización de los inmigrantes¨.
Esto concluye el periodista español Joaquín Estefanía
sobre el verdadero efecto llamada.
Los medios de comunicación ofrecen imágenes que despiertan
piedad y rechazo a la vez en los ciudadanos de los países
de acogida, pero no logran explicar un fenómeno complejo
que precisa de soluciones globales y compromisos conjuntos, tanto
de los países de origen como de los de acogida. Nada
más lejos de esto que la confusión sembrada por declaraciones
de políticos europeos y norteamericanos sobre la amenaza
de invasión de unos bárbaros en busca del paraíso.
Los ciudadanos de los países ricos ya señalan a la
inmigración como su principal preocupación.
El crecimiento del flujo migratorio en todo el mundo es
un hecho. No sólo son los cayucos que llegan diariamente
a costas Canarias desde Senegal, que no significan ni el
4% del total de los que entran en la UE por aeropuertos y carreteras.
México se ha convertido en el país con el
mayor número de emigrantes, con un promedio de 400.000 personas
cada año.
La falta de recursos, de empleo y de oportunidades obliga
a millones de personas en todo el mundo a dejar a sus familias,
sus raíces y las pocas pertenencias para buscar una alternativa
a una situación desesperada. Pero nadie salta al
vacío. La gente no arriesga su vida si no hay algo prometedor
del otro lado. Muchas veces son los mismos familiares que ya están
del otro lado quienes, gracias a los locutorios y las nuevas tecnologías,
informan de ese algo prometedor, dan conocimiento sobre esas miles
de oportunidades de empleo que superan por mucho a las que tendrán
en sus países de origen. Estos trabajos no dependen
de los mecanismos de control que se limitan a los puestos de trabajo
legales.
En España, los puestos de trabajo en la economía sumergida
en la hostelería, en la agricultura, las comunicaciones,
la construcción, los servicios y el turismo suponen un 25%
del PIB, según expertos. Este sistema de ‘bienestar’
lo sostienen trabajadores sin papeles, algunos con poca formación
y mucha vulnerabilidad ante abusos que padecen también en
el resto de Europa y en Estados Unidos. Además,
el trabajo precario pone todas las cargas sociales sobre las espaldas
del trabajador y bajan los salarios de la economía legal
porque no puede competir con la sumergida.
Antes de dejar la presidencia, José María
Aznar dijo que España iba bien. Cierto, y el que siga yendo
bien obedece a la llegada de los inmigrantes, como explica
el Informe semestral sobre la economía española y
el contexto internacional, elaborado por Caixa Cataluña.
Este informe, que analiza el periodo comprendido entre 1995 y 2005,
concluye que el crecimiento económico de España habrá
sido modesto sin la contribución de los inmigrantes que llegaron
y que, con su empuje, llevaron a que la economía creciera
con un promedio del 2,6% anual, un punto y medio por encima de la
media europea y más de dos puntos por encima de Alemania.
Los inmigrantes son jóvenes en su mayoría,
lo cual contribuye a la productividad, a la creación de empleos
y al aumento del consumo. Los trabajadores extranjeros que tienen
entre 16 y los 64 años superan al número de españoles
trabajadores de esa misma edad y se pueden formar más rápido
y mejor en los mismos puestos de trabajo.
A Irlanda le ha beneficiado la inmigración más
que a ningún otro país; la economía francesa
habrá quedado completamente estancada; Alemania, Italia,
Grecia, Portugal y Suecia habrán sufrido caídas importantes
sin el fenómeno migratorio.
Antes que alarmarse por imágenes y declaraciones,
habrá que reconocer que todos se benefician del modelo migratorio
actual. Los inmigrantes suelen mejorar sus condiciones de vida,
ahorrar e incluso enviar remesas a sus países de origen.
Pero algunos arriesgan su vida y muchos se desarraigan. Los países
de los que huyen personas desesperadas pierden a su gente más
capaz y se mantienen estancados y sin posibilidades de despegar,
aunque es indudable que las remesas de divisas que reciben suponen
uno de sus mayores ingresos. En sectores como el del turismo
y la construcción, que sostienen algunas economías
como la española, las empresas importantes no ofrecen
lo que tendrán que hacer si se tratase de nacionales, pero
obtienen una enorme rentabilidad con unos beneficios que mantiene
el ritmo del desarrollo y de la auténtica llamada a la mano
de obra que necesitan. Tampoco debemos olvidar que dentro
de unos años podremos comprobar cuanto han ayudado estos
inmigrantes al desarrollo
A lo de sus países de procedencia. El ejemplo de Española
ha sido clamoroso gracias a las remesas de divisas, primero, y
al regreso de sus emigrantes con una formación superior.
Última
actualización: Septiembre 2006.
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